martes, noviembre 21, 2006

Voyeur II

Recuerdo una pregunta que me hiciera un valiente, que trataba de ver mi verdadero yo. Me preguntó: “¿Qué te gusta?” En fracciones de un segundo me pasaron tantas cosas por la cabeza. Me sacó de mis pensamientos bombardeando de nuevo la misma pregunta… Con la misma agilidad, la que provoca quizás una noche de insomnio, respondí: “Mirar, lo que me gusta es mirar”.

En verdad, me gusta salir a caminar, porque en carro no es lo mismo, absorber el olor de la calle, de la gente; sentarme en un café y esconderme tras la cubierta de un libro, y hasta en una fiesta, a pesar del bullicio, mirar, mirar… Adivinar lo que ocurre a mí alrededor, tejer fantasías que involucran historias de los personajes que comparten mi espacio…

Me gusta que me miren, con esa mirada que parece que te conocieran de un lado o que algo les motivó curiosidad, y que me dejen con las ganas de saber lo que fue. Me gusta ver la gente que me baja la mirada porque yo la miré. Me gusta sonreír mientras miro a la gente y hacer pulso de miradas, medir quién aguanta más… Me gusta, de vez en cuando, encontrar una cara triste, pero no por la tristeza, es porque me gusta encontrar emociones, sentimientos, tratar de imaginar lo que pasó en esa vida que refleja esa cara…

Me gusta ver los niños, sobre todo cuando comen helados, me gustan las caras felices y el placer que les provoca todo lo que derraman sus bocas… Me gustan las vitrinas de las tiendas con los tiesos maniquíes, a los que todo le sienta bien, menos los peluquines…

Me gustan los espejos, y mirarnos juntos cuando tenemos sexo, mientras tejo en mi mente todos los “te quiero” que jamás me dirás y una nube de besos me nubla el pensamiento cuando llega el momento en que dices que "ya"…

Etiquetas: , , , ,

domingo, octubre 08, 2006

These eyes...



Si no fuera por esos ojos, no habría nunca reparado en tí. Todavía recuerdo la primera vez que coincidieron. Ellas. Nuestras miradas. Fue como si tuviesen vida propia. Cuando sientes una suerte de fuego, palpable, tangible, que brota por tus ojos y se encuetra con otro fuego de igual magnitud. Luego viene el pudor, la vergüenza, el recato. Y quisieras dar marcha atrás a esa corriente de pasión irreverente que se escapó de tus entrañas, de donde nunca debió salir. Debió quedarse en tu ilusionario junto con tu colección de amaneceres imposibles.
Pero sin poder evitarlo, se inicia otro juego de fulgores asesinos que destellan en los cristales del tiempo. Arde en silencio. Grita quemando. Vuelve el duelo de miradas destinadas a morir en el abismo... Y cada vez pasa más rápido y la noche me cuenta un cuento y me hace creer que quizás me acerque a ti.
Aspiro mi cigarro, tomo un sorbo de mi vaso, bajo la mirada hacia la izquierda, miro al espejo que hay detrás de la barra del bar y ahí encuentro nuevamente dos antorchas que se clavan nuevamente por mi pecho, por mi frente, al fin llegan donde iban, a mis ojos... Un suspiro.
Cruzo los dedos por debajo de mi bolsa... Levanto la mirada y veo tu ausencia. Tanto amor para olvidarlo. Pensé: Qué va! Si esta noche rezaré para volver a coincidir contigo. Me levanté de mi silla, caminé hacia la puerta y al tirar de esta encontré colgando tu mirada.

Etiquetas: , , , ,