martes, octubre 24, 2006

Indigo Eyes


Cada vez que la veo, me veo a mí. Como yo, tiene la mirada perdida, pero le sonríe a todos todo el tiempo. Podría no tener dientes y no lo notarías. Se desplaza por el pasillo, porque no camina, juro que flota. Lleva las gafas torcidas, como mi vida, y se que las usa para esconder sus sonrojos. Parece distante, solitaria, inalcanzable. Estoy segura de que no se peina a menudo y que le cuesta bajar a la Tierra. Vive en su mundo. Vivo en mi mundo.
Se casó muy joven y ahora no sabe que hacer con esto. Habla despacio y en tono quedito, con la misma paciencia con que el sol empieza a ocultarse tras las montañas. Parece que sufre pero luce tranquila. Cuando baja la mirada, al compás de sus palabras, siento ese dejo de tristeza, que no se si es añoranza o es dolor.
Si sus ojos llegan a cruzarse con los otros, los rubores se apoderan de su faz. Pero si llega el momento, mira de frente y puedes mirar a través de sus ojos los atardeceres rosados que habías visto jamás y oyes risas de niños que no puedes ver.
Si habla, su voz es tan franca como franca es la lluvia que muere en mi techo. La rodea una luz, un halo de estrellas, un olor a flores con todos los colores de la primavera.
Quizás no nos parecemos tanto.

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